Reseña: “Sobre el estándar y la norma”

realizado por: OLAYA BUENO FERNÁNDEZ

José Antonio Pascual Rodríguez, con la colaboración de Emilio Prieto de los Mozos, intenta aclarar las dudas que surgen en la lengua sobre la idea de estándar y de norma en un artículo, titulado de la misma manera: “Sobre el estándar y la norma”.

 

Divide el artículo en dos apartados generales, uno sobre el estándar y otro sobre la norma, que se encuentran, a la vez, divididos en subapartados encargados de resolver problemas y aclaraciones de cada uno de esos dos temas.

Así, el autor divide la explicación sobre el estándar en quince subapartados relacionados entre ellos del tal forma que no haría falta tal separación, aunque esto nos permite localizar la explicación que nos interesa sin necesidad de leernos todo el texto.

 

Empieza por aclarar que los problemas de una lengua no se solucionan diciendo que todos los hablantes se expresan según una manera común, ya que esto no es cierto. “Los hablantes no son ni pueden ser inconscientes de su lengua”, tienen la necesidad de optimizar todos los elementos que utilizan para comunicarse con ellos mismos y con los que les rodean. Señala que es natural que surjan modificaciones en el lenguaje, tanto conscientes como inconscientes.

 

En el siguiente apartado (1.3) habla de que la variación es un atributo natural, por así decirlo, de los sistemas lingüísticos. Y que, dentro de estas variedades, siempre hay alguna que destaca y que tiene un uso más aceptado, por lo que tiende a ser general. Toda lengua tiene un pasado, se habla en zonas más o menos extensas, convive con otras lenguas vecinas y es hablada por diferentes grupos sociales, todo esto hace que las lenguas no sean sistemas uniformes y que se encuentren en ellas diferentes variedades.

 

Desde el apartado 1.4., el autor se mete de lleno en la noción de estándar, en qué es, cómo es y como se crea. Así, dice que se conoce con el nombre de estándar, a “aquella forma de lengua que se impone en un país dado, frente a las variedades sociales o locales. Es el medio de comunicación más adecuado que emplean comúnmente las personas que son capaces de servirse de otras variedades.” Ésta suele coincidir con la lengua escrita y con la propia de las relaciones oficiales. Forma parte de los hablantes de la lengua decidir qué es más correcto, prestigioso, adecuado y apropiado para sus enunciados. Así, el propósito de la lingüística es explicar por qué se considera correcto o incorrecto, elegante o inapropiado, etc., cada una de las palabras o expresiones de la lengua. El autor señala que en el último siglo se está sufriendo un gran desinterés por estos asuntos de la lengua.

 

Para la creación de un estándar, primero se debe seleccionar debidamente la variedad o variedades que pueden tomarse como punto de partida. Solemos tener interés por saber qué son las cosas y sobre como explicarlas, aunque caemos en el error de asignarles nombres antes de solucionar los problemas que conllevan. De esto, se nos explican dos fenómenos culturales propios de los estudiosos de la lengua patrios: la originalidad (consiste en dar a los términos empleados en la teoría un significado muy diferente al que le dan el resto) y el casticismo (acudir a nuestro patrimonio lingüístico para aclarar y adaptar a nuestro “entender” los términos inventados por otros). Todo esto conlleva, a entender por estándar cosas diferentes que el resto del mundo, a una dispersión terminológica. Pascual Rodríguez nos compara diferentes definiciones de estándar dadas por autores norteamericanos, británico, alemanes, etc., y por autores españoles. Llegando a la conclusión de que la lengua estándar no es ni mucho menos la lengua de todos ni la que se habla en cualquier ocasión. Aunque, por lo general, coincide con la escrita.

 

De los contenidos diferentes del término estándar por parte de estudiosos de la lengua española, se recoge la errónea identificación de estándar y lengua común o general. Ya que el estándar, como bien explica el autor en el apartado 1.10, no es ni común ni general.

 

En los últimos apartados se trata el hecho de que la noción de estándar se encuentra vacía en cierto modo, ya que su extensión no se encuentra completamente delimitada, y de las posibles repercusiones sociales a las que conlleva. Así, los lingüistas trivializan la noción de las variedades estándar, vaciándolas de contenido, de tal modo que signifiquen todo y nada. Por lo tanto, puede decirse que un estándar es una realidad difusa. Siempre se persigue con la estandarización la unidad de la lengua para facilitar la educación y la comunicación entre los hablantes. Para terminar nos da un aviso importante: “no debemos hacer de la variada realidad de las lenguas una auténtica religión”, no se debe obligar a las personas a hablar de determinada manera. Concluye el apartado del estándar señalando que éste se encuentra avalado por una determinada norma, que le da el carácter oficial al estándar.

 

Tras todo este recorrido por el estándar, Pascual Rodríguez divide el apartado general de la norma en seis subapartados en los que señala los aspectos fundamentales de la norma lingüística. Empieza por determinar que el cuerpo normativo de una lengua “orienta sobre el hecho de que determinadas elecciones son permisibles, mientras que otras no”. Establece enunciados con ejemplos de rupturas contra la norma; éstos errores serán aceptados o no dependiendo del nivel cultural y social del lector, así, pone como ejemplo los que serían fácilmente reconocibles como errores gramaticales por un estudiante de la Universidad de Salamanca.

 

Se puede afirmar, que la creación de un estándar determinado viene dado por el prestigio de distintos grupos sociales en el seno de una comunidad lingüística, es decir, por la modas de los grupos sociales. La norma esta siempre presente, tenemos que contar con ella nos guste o no. Hay que saber cuál es la norma válida en una comunidad lingüística, porque resulta importante conocer las distintas posibilidades de empleo de una lengua para poder vivir cómodamente en ella.

 

El autor señala el desinterés que tienen los jóvenes hablantes de todas las lenguas existentes por estos asuntos, y anima a conocer nuestra lengua, no sólo desde el punto gramatical sino como base de la relación con el resto de los hablantes. En el último apartado se centra en la riqueza y en la vitalidad de cada lengua, que parte de las cosas que diferencian unas lenguas de otras, y de su capacidad de creación interna.

 

Como buen escritor plantea una conclusión de todo lo que ha explicado sobre el estándar y la norma: ¿realmente existen dificultades para acercarnos a la norma del español? Los lingüistas y filólogos deben ayudarnos a resolver nuestros problemas y dudas respecto al lenguaje, pero debe salir de nosotros mismos la necesidad de aprender y de resolver, sino hay actitud por parte del hablante su misión no sirve de nada.

 

 

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febrero 9, 2009. reseñas de textos.

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